Palestina “Cinco cámaras rotas” (Cine Documental)

Donde los niños no duermen de noche

La ocupación militar israelí en Palestina


Cinco cámaras rotas (2011) es un documental que transmite como pocos la ofensiva del Estado de Israel sobre el territorio y el pueblo Palestino.

Emad Burnat es un hombre que vive con su esposa Soraya en Bil’in, un pequeño pueblo agricultor ubicado en la zona palestina de Cisjordania. Cuando nace Gibreel, el cuarto de sus cinco hijos, decide conseguir una videocámara para registrar el crecimiento del pequeño. Pero la irrupción de las tropas israelíes va a trastocar la vida de Emad y de todo el pueblo. Primero como un enemigo invisible: las tropas habían cercado una parte del pueblo para anexarlo a Israel. La crueldad sólo empezaba ahí. Las tierras invadidas eran las que utilizaba el pueblo para el cultivo de aceitunas. El Ejército israeli dejaba a los pobladores palestinos sin su principal entrada económica.

La población decide marchar pacíficamente hasta el cerco, para reclamar la devolución de sus tierras. Allí recibirán la primera de una serie interminable de represiones por parte del Ejercito del Estado de Israel.

La represión genera una indignación aún mayor, por lo que la siguiente movilización, (pacífica también) será aún más masiva.

La represión aumenta. Comienzan las detenciones de habitantes de Bil’in, muchas realizadas por soldados vestidos como civiles palestinos.

La crudeza del documental es la crudeza de la realidad. Emad filma todo el tiempo posible. Filma a sus hijos crecer, filma los encuentros con sus amigos Phill, Bassem y Adeem. Filma las movilizaciones y filma al Ejército de de Israel reprimiendo.  A la par de la violencia militar israelí, se ve la infancia de los hijos de Emad, su ingenuidad y sus risas genuinas.

Mientras sus hijos crecen, tratan de entender qué es lo que sucede a su alrededor. La política invasiva de Israel avanza. Los llamados “colonos” israelíes instalan containers en el territorio Palestino durante la noche. Una ley israelí prohíbe al Ejército destruir cemento, para garantizar los asentamientos. Una vez instalados, la ley israelí los considera territorio propio.

Emad, Phill y otros palestinos del pueblo instalan su propio container del otro lado del cerco. El Ejército no lo toca, sabiendo que los colonos lo incendiaran durante la noche. Llamativamente, no es la política del pueblo de Bil’in incendiar ninguna casa de colonos. No quieren destruir nada, sólo exigen las tierras que son del pueblo.

La brutalidad del Ejército del Estado de Israel crece aún más. En imágenes que es imposible no relacionar con las dictaduras latinoamericanas, el Ejército israelí entra por la noche en el pueblo de Bil’in. No se lleva a ningún adulto. Buscan a los niños. El Ejército de Israel se lleva detenidos a niños que no tienen más de 10 a 12 años.

Es shockeante la imagen de una mujer saliendo a la puerta de su casa al grito de “en esta casa no hay niños”. La dictadura de Videla irrumpía en busca de “subversivos”. El Ejército de Israel irrumpe por la noche deteniendo niños de 10 años.

La causa de Bill’in se vuelve una causa de toda la región. Personas de distintos credos religiosos acompañarán a los pobladores locales en sus manifestaciones, demostrando que no se trata de musulmanes contra judíos. Se trata de una invasión tan brutal que detiene niños por la noche. Los propios niños y niñas del Bil’in se movilizan hacia el cerco al grito de “Queremos dormir”. El Ejército del Estado de Israel los reprime.

Las imágenes del Ejército reprimiendo se repiten una y otra vez. Rompen el mito del “enfrentamiento entre dos ejércitos”, el mismo discurso de los militares argentinos durante la dictadura.

Las cámaras de Emad continúan registrando todo. Las cinco cámaras del título remiten a que Emad tuvo que cambiar cuatro veces de cámara. El Ejército israelí se negaba a que lo filmen, como la policía cuando reprime y sabe que lo hace es absolutamente ilegal, y le disparaba a sus cámaras.

Pero Emad no se detiene. Tampoco su vida. Filma como el pueblo se las rebusca para sobrevivir sin sus cultivos de aceitunas ocupados. Sus hijos creciendo en un ambiente familiar de amor y cariño, rodeados por la hostilidad del Ejército israelí.

A medida que los chicos crecen, son más conscientes de la realidad que los oprime. El menor de sus hijos, a los cuatro años, intentará comprender por qué el Ejército de Israel mató a su tío político Phill. Las imágenes son desgarradoras. Pero son reales. No es un montaje. No es una dramatización. Es un niño palestino, como otros miles de niños palestinos tratando de comprender lo incomprensible.

Para cuando el cerco es retirado, el Estado de Israel había construido un muro de concreto unos cientos de metros por detrás. Un muro, como había en Auswitch y los campos de concentración del nazismo. Un muro contra los palestinos. La única “culpa” de los millones de judíos muertos en los campos de concentración era haber nacido judíos y profesar su religión. La única “culpa” de los cientos de miles o quizás millones de palestinos muertos es haber nacido en Palestina y defender su tierra.

 

El valor de Cinco cámaras rotas

Si uno cambiara el género documental por el fantástico y al Ejército del Estado de Israel por zombies, uno tendría una película taquillera. Llenaría salas en todo el mundo.

Cinco cámaras rotas no ha tenido esa suerte. Pese a haber ganado el premio Emmy a mejor documental en 2013, no es distribuida por la Warner ni Sony. Tampoco está en el catálogo de Netflix.

La crudeza del documental ubica como una forma artística puesta al servicio de la comunicación. Cinco cámaras rotas tiene momentos hermosos, momentos de la vida familiar de Emad y comunal de Bill’in, que Emad supo captar con su cámara. Pero la realidad es más fuerte. La realidad rompe cualquier distancia entre la ficción que uno supone que es lo que se exhibe en una pantalla y lo que realmente sucede. Con este documental esto no sucede. La realidad se impone a fuerza la realidad. El nivel de asedio es tal que son pocos los momentos en que podemos ver distendidos a Amed, su familia y el pueblo. En literatura y en el cine, lo verosímil es interno a la obra. Sólo en una película de superhéroes Superman puede volar. Cinco cámaras rotas nos muestra lo opuesto. Una secuencia de imágenes tan duras y asfixiantes que sólo podemos aceptar que son reales porque sabemos que son reales. Porque Amed es real, su familia es real, Bill’in es real, el Ejército de Israel es real y las represiones y asesinatos que vemos son la propia realidad filmada, no una recreación. Cinco cámaras rotas rompe la distancia entre el espectador y la pantalla, y esa es su mayor virtud. También es lo que lo hace tan “peligroso”.

Otras películas similares, sobre la cobertura de la barbarie de ejércitos invasores de distintos países han tenido más llegada. La surcoreana Un taxista (2017) sobre la masacre del ex dictador x ha sido trasmitida por I-sat y tiene reseñas en las principales páginas de cine.

Pero de todos ellos, grandes documentales sin duda (vean Un taxista), ninguna es sobre una invasión que sigue en curso. Menos sobre Palestina, invadida por el cuarto Estado con mayor poderío militar del mundo, sólo detrás de Estados Unidos, Inglaterra y Rusia.

 

Palestina en Argentina y América Latina

En la Argentina y gran América Latina hay una fuerte presencia de la comunidad árabe (musulmana y cristiana). Argentina se ha caracterizado por enormes movilizaciones en apoyo al pueblo Palestino. Sin embargo, a nivel latinoamericano, el Mercosur tiene un acuerdo de libre comercio con Israel, acuerdo que ni siquiera se suspendió durante los bombardeos a la franja de Gaza ni la invasión al Líbano. El Estado Argentino no ha criticado al acuerdo desde su creación en 2005.

Durante el último bombardeo israelí en Gaza, que causó la muerte de más de 300 niños, la Presidenta argentina sólo hizo un llamado a “frenar la guerra” como si se tratara del enfrentamiento de dos ejércitos, sin diferenciar entre el cuarto Ejército del mundo y la resistencia palestina. Una declaración que abonaba la teoría de los dos ejércitos, la teoría utilizada por el Estado de Israel. La misma que utilizaba Videla y la última dictadura militar argentina.

Documentales como Cinco Cámaras Rotas (filmado por Emad y editado por el israelí Guy Davidi) demuestran la falsedad de esos argumentos. Demuestran la impostura de quienes los sostienen desde Israel hasta Argentina. Demuestra la vida del pueblo palestino, cruzada por la alegría y la tristeza. Demuestra la validez de su reclamo. Es un derecho humanitario.

 

 
Julio 2020

 


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